Elegimos calibre acorde a corriente y distancia, preferimos cable flexible con funda resistente al calor, y terminamos uniones con soldadura limpia o bornes de calidad. Camisas termorretráctiles y pasacables evitan roces. Un orden prolijo simplifica diagnósticos futuros y previene tirones accidentales en uso cotidiano.
La carcasa metálica exige continuidad impecable de tierra y tornillos mordientes. Pintura o barniz no sustituyen aislamiento real; interponemos arandelas y mangas adecuadas. Una prueba con megóhmetro expone debilidades invisibles y nos permite corregir antes de cerrar definitivamente, ahorrando disgustos y posibles riesgos innecesarios.
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